Bochorno que se repitio unas semanas mas tarde en la cumbre iberoamericana, cuando Don Juan Carlos I tuvo que sacar la cara por nuestro país para defenderse de los excesos dialécticos del presidente Chávez, ante la cobarde indiferencia de Zapatero.

La actuación del monarca ha generado encontradas opiniones entre los grupos políticos. Desde el jolglorio y algarabía de la derechona hasta las críticas feroces de los nacionalistas y de la izquierda progre de nuestro país. Esa que defiende el reparto proporcional de la riqueza desde su apartamento en La Castellana, al tiempo que sacia sus pantagruélicas necesidades gastronómicas a golpe de caviar iraní y vino francés.
El Reventador alaba el arrebato sincero, natural y sin aristas, de don Juan Carlos quien tocado de pundonor, seguramente avivado por algún licor peruano (quien no se haya tomado unos chupitos tras una copiosa comida que levante la mano) dio un puñetazo en la mesa y puso las cosas en su sitio.
Todo lo contrario que los representantes del gobierno, que asistieron a la cumbre con escasa prepación y despreciando a los presentes con su escaso conocimiento de la realidad del continente vecino y de los personajes que gobiernan en algunos de sus países. Lo que normalmente se llama "ir a por lana y salir trasquilado".


