jueves, 16 de agosto de 2007

Gastronomía: Culto al mejillón


Inauguramos la sección de gastronomía con uno de los grandes productos de Galicia, el mejillón. El Reventador rinde culto a este bivalvo que reúne las características más importantes de cualquier alimento: bueno, bonito (para gustos, claro) y barato.
El Consello Regulador del Mexillón de Galicia informa en su web que una docena de mejillones galaicos equivalen a 150 g de carne, y 100 g de mejillones proporcionan un cuarto de las proteínas que necesita un adulto. Su precio es irrisorio si lo comparamos con otros mariscos y pescados, con lo que no hay excusa para atiborrarnos de nuestro anaranjado amigo: simplemente abiertos al vapor, como complemento de un caldoso arroz marinero, en forma de picantes y fieros tigres o como hoy les propone el Reventador:
Tortilla de cebolleta, puerro y mejillones gallegos
Ingredientes para una tortilla individual:
Una docena de mejillones gallegos
Media cebolleta grande o una si es hija de la anterior
La parte blanca de medio puerro, la verde la reserva usted para caldos o para hacer cosquillas a su marido mientras ronca
Un par de huevos, a poder ser de corral; si no lo son y el resultado no es de su agrado reclame usted al maestro armero, pero no al Reventador
Aceite de oliva, el de girasol lo dejaremos para las pipas Facundo
Una pizca de sal (literalmente)
En primer lugar, colocaremos los bivalvos en una olla con dos dedos de agua o, si es por la noche y quiere seducir a su mujer, que sean de vino blanco. A fuego fuerte los dejaremos hasta que despierten, abran sus conchas y, si alguno se hace el remolón y permanece cerrado, tendremos que desterrarlo de nuestra preparación. Una vez abiertos, los picaremos finamente a cuchillo y los reservaremos. En una sartén con un poco de aceite sofreímos la cebolleta y el puerro picados con una pizca de sal durante unos diez minutos. Cuando ablanden añadiremos los mejillones y, tras remover amorosamente el conjunto para que intimen los ingredientes, volcaremos los huevos previamente batidos. Lo demás es coser y cantar: se cuaja la tortilla por un lado, se da la vuelta, se hace por el otro y al plato.
La tortilla tiene que quedar poco hecha, jugosa y, si le gusta más hecha, no invite al Reventador.